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Pena de Muerte

2- Nuestra reacción.
Todos nos sentimos shokeados por la noticia y también por la situación de la madre antes de la ejecución, que se presentó en varios programas televisivos solicitando ayuda para poder viajar a ver a su hijo. Fue tal vez una mezcla de repudio y dolor por la condena de alguien de nuestro país.
Parecería que la pena de muerte está muy lejos, allá en los EEUU u otros países lejanos.
Sin embargo, cuando estudiamos nuestras reacciones ante hechos aberrantes como un asesinato descubrimos una respuesta que se repite bastante: -«hay que matarlos a todos». La pena de muerte no está tan lejos. Tal vez legalmente sí, pero en nuestra mentalidad está más cerca de lo que parece.
Creemos con mucha frecuencia que con la muerte del maligno se acaba el mal.

3- La pena de muerte, la cárcel y los cristianos.
Si buscamos ejemplos y paradigmas bíblicos que nos ayuden a orientarnos frente al tema debemos comenzar por recordar que somos seguidores de un condenado a muerte, Jesús. Y este hecho no es un hecho fortuito sino que toda la historia de los apóstoles y la iglesia primitiva está marcada por cárceles, sufrimientos y en muchos casos muerte.
El testimonio del texto que leímos hoy nos cuenta cómo fueron encarcelados los apóstoles por predicar y hacer el bien curando a las personas. Y que inclusive se estaba fraguando un plan para matarlos, que finalmente no se llevó a cabo.
Recordemos al primer mártir cristiano, Esteban, quién debió enfrentar un juicio parcial según el libro de los Hechos y fue condenado y murió apedreado. Hechos 6.
Y así podríamos seguir pensando en los cristianos que murieron en el circo romano, en distintas crucifixiones, en tiempos antiguos y en tiempos recientes.
¿De dónde nos viene esta idea de que la pena de muerte puede ser la solución?
Con esto vemos que la fe cristiana de una u otra forma siempre tuvo su distancia respecto de quienes tenían el poder de encarcelar y matar. Y cómo la historia nos muestra que con juicios equivocados y parcializados se mató a personas inocentes.
Muchas veces los cristianos debieron sufrir sólo por predicar el evangelio de la justicia de Dios y hacer el bien.

4- Por qué NO a la pena de muerte.
Ciertamente se podría argumentar que estos casos son de personas que sufrieron sin merecer ningún castigo, y de lo que estamos hablando es del castigo a quienes sí han cometido crímenes.
En primer lugar tenemos que decir que la pena de muerte es irreversible. Y ya hemos visto que la historia nos cuenta abundantes casos de tales injusticias.
En segundo lugar la venganza no restaura, sino que engendra más violencia. Y en todo caso todas nuestras acciones deberían tender a restaurar aún al que ha atentado contra su hermano. Cobrándonos venganza sobre la vida del otro nada podremos remediar de los que ya pasó.
Esto no significa decir que no hay que controlar y separar a quienes no puedan vivir en sociedad, pero sí que toda medida debe ser para restaurar y no para castigar.
La idea de que matando al maligno se reduce el mal en el mundo es muy antigua. Se lo llama el odio teológico. Pero Jesucristo nos llama a apuntar más alto. Jesús justamente definió su misión diciendo que vino a salvar y rescatar lo que estaba perdido, que no había venido para los que estaban sanos sino para los que estaban enfermos. Jesucristo propone el camino de la conversión como el camino de redención. El camino de la posibilidad de retomar el sentido de la vida, la justicia y el bien. El camino de Jesús es infinitamente más alto que simplemente matar para solucionar el problema.
Aquí también tenemos ejemplos de la historia que muestran como opera el poder de Dios. Para los cristianos tal vez el ejemplo central sea el de la vida del apóstol san Pablo.


Primeramente fue testigo mudo de la muerte de Esteban, el primer mártir cristiano. Luego él mismo perseguidor de los cristianos, arrastrando a hombres y mujeres para llevarlos a las cárceles. Y en esa situación fue tocado por Dios y se transformó en el apóstol más grande de la iglesia primitiva, genio del cristianismo en sus primeros años.
No hay ejemplo más central que este en la Biblia que nos habla del poder de Dios para cambiar y restaurar a las personas.
Finalmente diremos que es un atentado a la vida, que es don de Dios. Nadie puede apropiarse premeditadamente y en su sano juicio de la vida de otro ser humano. Porque cuando hablamos de pena de muerte no estamos diciendo que bajo una emoción fuerte o cualquier otra circunstancia alguien mata a otros sino que con premeditación y serenidad damos nuestro sí a la muerte de una persona.

6- Se trata de creer en el poder de la restauración que proviene de Dios.
Si hemos de tomar actitud y postura frente a un hecho como este es porque si creemos en la pena de muerte o por lo menos no nos dedicamos a pensar en todas las consecuencias que tiene, cuando venga alguien y la instaure en nuestro país no tendremos fuerzas ni recursos espirituales que nos permitan hacerle frente.
Evangelio y promesa: Todo el Nuevo Testamento nos habla de la posibilidad de cambio, así como también cada unos de nosotros podemos también cambiar y crecer para bien en nuestras vidas.
Desafío: y todo el llamado de Jesús es que luchemos por la vida en todas sus manifestaciones hasta el fin.