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LA MÁS GRANDE NECESIDAD DE JESUS

7b. De igual manera en este pasaje se dice que los discípulos le habían traído algo de comer; con ello se corroboraba las dos grandes necesidades del ser humano v.31. Mas no obstante, la necesidad de Jesús no fue siempre la material. Por la forma cómo enfocó sus enseñanzas, su más grande necesidad fue de orden espiritual Aquella que apuntaba hacia la salvación de los perdidos. Note que este pasaje él le pidió a la mujer de beber, pero terminó ofreciéndole “agua viva” v.10. Los apóstoles fueron a la ciudad a comprar algo de comer, pero terminó diciéndoles: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis” v. 32. Y sin dejar que la imaginación de ellos fuera muy lejos o que le preguntara quién le habría traído alguna otra comida, les respondió: «Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y acabe su obra» v. 34. Esta declaración tuvo que haber hecho reflexionar a los discípulos en torno a lo que es más prioritario y urgente para un siervo de Dios. Los versículos siguientes apuntan hacia ello vv. 35-38. Esta historia comienza diciéndonos que a Jesús le “era necesario pasar por Samaria” v.4 De allí se desprende el título de nuestro mensaje. Jesús tiene una necesidad muy grande. Él quiere pasar donde está la necesidad y de esta manera hacer su trabajo. La voluntad del Padre es volver a los hombres hacia él, y Jesús vino para *****plir con esa voluntad. Esta también deber ser la necesidad de la iglesia. Descubramos la necesidad de Jesús.

I. JESUS NECESITA VISITAR A QUIENES OTROS NO VISITARÌAN

Una vez que terminó la cautividad en Israel, y con ello el regreso del pueblo, se desarrolló un intenso antagonismo entre los samaritanos y los judíos. Siendo familia, habían construido su propio templo como para marcar sus diferencias. Cuando la mujer samaritana le dijo a Jesús que, “judíos y samaritanos no se tratan entre sí” v. 9b, estaba dibujando un cuadro lleno del más grande prejuicio y rencor racial. Jesús consciente de esta situación decidió ir a este lugar sin importarle su propia condición judía. Samaria significa “vivir con un cerco alrededor”. Esto nos hace pensar que era un sitio casi impenetrable y de difícil acceso para alguien que no viviera allí. Esta mujer representaba muy bien el significado de este nombre. Ella también vivía con un cerco alrededor de su disipada vida. La soledad de su alma —porque no había encontrado un verdadero amor que le diera sentido a su vida—, le hacia vivir en esa condición. Para ella, la ciudad de Samaria era como su propia cárcel. Vivía bajo el espectro de sus recuerdos, de sus dudas, y por seguro bajo la mirada escrutadora de sus vecinos. Ella conocía su «cerco» y para ella no había esperanza. Asi es la condición como vive tanta gente en nuestro tiempo. Han hecho una gran muralla alrededor de sus vidas que casi nadie se atreve ayudarles. Hombres y mujeres encerrados en un mundo filosófico, místico, religioso; en un mundo lleno de vicios y todo tipo de sensualidad. A ellos Jesús quiere ir. ¡Le es “necesario” pasar! La mujer de esta historia nos describe la condición en la que vive la gente que no ha conocido al Salvador Jesucristo. Ella estaba presa de su propia vida. En la medida que Jesús va hablando, va descubriendo su estado de miseria y de soledad en la que se encontraba. Vivía bajo una especie de letargo, dominada y controlada por su propia lujuria. Los hombres que había tenido no le daban satisfacción a su alma. Podía haber satisfecho su cuerpo, pero había acrecentado el vacío de su alma. Ella vivía en otro mundo donde su propio vicio se burlaba de ella. Con esta mujer Jesús intencionalmente tuvo un encuentro. Él pasó donde otros no pasaron. El vino a buscar lo que otros no buscarían. Ese sigue siendo su mensaje. Los que han perdido toda esperanza tienen en Jesús una nueva oportunidad para cambiar. Nadie más está interesado en ellos como lo está el compasivo Jesús.

II. JESUS NECESITA SENTARSE CON QUIENES OTROS NO SE SENTARIAN
Cuando los discípulos regresaron se asombraron que su Maestro estuviera sentado y hablando con una mujer v.27. Las barreras eran notorias.. Pero en esta historia Jesús rompió con las más comunes de su tiempo y que son las mismas que predominan hoy a la hora de alcanzar a otros con el evangelio. Rompió la barrera del sexo; no era normal que un hombre estuviera hablando a solas con una mujer. Rompió la barrera del prejuicio; aquella mujer era una samaritana, alguien que era menospreciado por los judíos. Además rompió la barrera religiosa. Los judíos decían que era en Jerusalén donde se tenía que adorar, mientras que los samaritanos hablaban de su propio “monte de adoración” v.20. Y allí está Jesús, enfrente de alguien con una gran carga, con una gran pena sobre sus hombros. Una mujer que representa la soledad en su más cara expresión, acompañada de la tristeza y la frustración al ver que no había salida para su circunstancia. Es notorio que esta mujer iba a buscar agua en la hora donde se suponía que no había gente en el pozo. ¿Lo haría para evitar la vergüenza de ser vista de una manera pública? ¡Qué cuadro tan sombrío! ¡Qué gran tragedia produce el pecado! Pero Jesús se hace presente exactamente donde todo parece acabarse. Hay un “pozo del encuentro” para todo aquel que anda como escondiéndose de su miseria y de sus problemas. Jesús nunca rehusará sentarse al lado de alguien que le necesita. A él le es necesario venir, estar y oír a aquel que nadie quiere o al que piensa que no vale nada. ¿Cuánto vale una persona para Cristo? ¡Le costó su sangre! ¿Qué puede llegar ser una persona en sus manos? ¡Una perla, un diamante, un rubí, una esmeralda… toda una joya! Cuántos hay en esta vida que viven bajo la sombra del menosprecio. Pero Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Él descendió del cielo dejando su trono de gloria, la alabanza continua de sus ángeles, la comodidad del paraíso eterno para venir y sentarse con quienes otros no se sentarían. En esto se *****ple la palabra, cuando de él se dijo: “Y al ver las multitudes tuvo compasión de ellas porque las veía como ovejas que no tienen pastor” (Mt.9:36). Jesús es el pastor que va buscando a aquellos ovejas que salen al “pozo” en busca de lo que calme su sed. Nadie está fuera de su amor y perdón. Jesús el único que sienta con todo el mundo. Nadie escapa a su ternura y a su compasión.

III. JESUS NECESITA SALVAR LO QUE OTROS NO SALVARIAN

Los judíos habían construido sus propios caminos para no pasar cerca, ni tener encuentros con el despreciado pueblo samaritano. Pero a Jesús le “era necesario pasar por Samaria”. Y desde aquel pozo de Jacob con tantos años de historia se propone salvar lo que otros no salvarían. Aquí Jesús nos presenta todo un plan de salvación que es necesario considerar. Un verdadero manual para un ganador de almas. Notemos la forma como lo hace.
1. La Salvación requiere de un reconocimiento de mi propio fracaso, “no tengo marido” v.17
Jesús condujo a esta mujer a que descubriera su propio fracaso. A que se diera cuenta que en todas las cosas donde había buscado su felicidad no la había encontrado. Jesús le dijo que había tenido cinco maridos pero que finalmente no tenía ninguno v.18. La respuesta dada a Jesús revelaba que ella no tenía un amor establecido. Nadie gobernaba sobre ella. Vivía una vida de total independencia. No le había dado su amor a nadie. No tenía a nadie que guiara su vida. Cuando ellao le dijo a Jesús que había tenido cinco maridos, lo que le estaba diciendo que iba de un sito a otro. Nadie había podido llenar su sed. Y es aquí donde comienza el camino de la salvación; el reconocer mi propio fracaso. Hasta que el hombre no reconozca que ha fracasado, no podrá ser salvo.
2. La Salvación plantea un nuevo encuentro de adoración con Dios v.19-24
Para esta mujer, su vida “espiritual” se había limitado a leyes, ritos, costumbres, tradiciones pero no había cambios en su vida. Tenía la religión de sus padres pero estaba perdida eternamente. Ella tenía una religión, pero no tenía una relación. Conocía muchas cosas acerca de Dios, pero no conocía a Dios. Jesús le confrontó al decirle que el lugar de adoración no es lo más importante. No se trata de ir a Jerusalén o a Samaria para conseguir la adoración auténtica. Lo que Dios está buscando es un verdadero pueblo que le adore en espíritu, no en sus fuerzas ni en su tradición. La salvación es un hecho cuando los hombres descubran que “Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoren, le adoren en espíritu y en verdad” v. 24. No habrá salvación hasta que no haya un cambio de adoración.
3. La salvación consiste en “dejar el cántaro” v. 28
Esta mujer había venido desde la ciudad con esto sobre sus hombros. La hora era la más fuerte de la tarde —como al medio día y cuando el calor era más sofocante. Todo esto representaba su vida. Había un “cántaro” que tenía que dejar. Por muchos años había venido allí con esa misma carga. A esa vida tenía que ponerle fin e iniciar una nueva. Ella vio en aquel extraño judío a un hombre sin prejuicios, que no le importó hablar con ella debido a su condición y miseria era el mesías, el salvador prometido pues le había declarado lo que ella era. Y allí recibió el “agua de vida” y “dejó su cántaro”. En eso consiste la salvación. Ello es más que el perdón de nuestros pecados. Es entrar a conocer y comprender la vida abundante en su más amplia expresión. Dejar el cántaro, es dejar lo que he sostenido por toda vida para satisfacer mi “sed” y dejar que un nuevo “cántaro”, el del Espíritu Santo me conduzca y me llene. Jesús quita el “cántaro” de la vida.

IV. JESUS NECESITA USAR LO QUE OTROS NO USARIAN V. 29

¿Quién podía ir de misionero a Samaria? ¿A quién enviar a aquellos despreciados a través de tantos años? ¿Qué instrumento usar para salvar a tantos que vivían como esa mujer con un “cerco” en sus vidas? Sin embargo, la palabra nos dice que fue esta misma mujer la misionera a su propia gente. Los hombres que un día usaron su cuerpo para satisfacer su ambición carnal, ahora están oyendo de sus propios labios el testimonio del hombre que cambió su vida. Del hombre que trajo salvación, perdón y significado a alma. La Biblia dice que ella, “se fue a la ciudad y dijo a los hombres” v. 28b. Fue primero a los que le conocían muy bien y a ellos les anunció el mensaje de la gracia, les habló de la auténtica “agua de vida”, del regalo de la vida eterna. Aquí se *****ple lo que dijo Pablo cuando al referirse a lo que Dios usa, escribió: “Más bien, Dios ha elegido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo Dios ha elegido para avergonzar a lo fuerte” (Rom. 1:27 VRA) El plan de salvación que Dios tiene para cada vida, no se queda sólo en el perdón de los pecados. Jesús vio a través de aquella miserable mujer una misionera a su propia familia y a sus paisanos. Cuando en la eternidad se cuenten los samaritanos salvados, muchos contarán el testimonio de aquella mujer que les habló de Jesús y su vida eterna. Por el mundo andan muchos “samaritanos” que fueron alcanzados por la gracia, el perdón y el amor de Cristo. Son los que él está usando para ir donde otros no irían. Hombres y mujeres que agradecidos por esa extravagancia de amor, del cual fueron objetos, van comunicando a otros lo que ellos encontraron en Cristo. A muchos como a aquel endemoniado gadareno Jesús les ha dicho: “Vete a tu casa, a los tuyos y cuenta cuan grandes cosas ha hecho el Señor contigo” (Mr. 5:19) Jesús te salva hoy para que vayas y seas su testigo. La mujer no se quedó en el “pozo de su salvación”. Ella salió y publicó lo que le había acontecido. Esto es lo que tenemos que hacer. Jesús aprovechó la circunstancia de la conversión de esta samaritana para decir: «¿No decís vosotros: Todavía faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: ¡Alzad vuestros ojos y mirad los campos, que ya están blancos para la siega!” V. 35. La Gran Comisión se *****plirá cuando entendamos que hay que ir. La Biblia nos recuerda que «lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y despreciado escogió Dios… para deshacer lo que no es» (1Co.1:27-29)

CONCLUSION: Esta historia nos dice que a Jesús le era necesario pasar por allí. Y la verdad es que siempre le será necesario pasar por donde existan hombres y mujeres desubicados en su vida. Hombres que viven encerrados en sus propios “cercos”. Esta es una historia de amor y compasión divina. Es la historia que se da todos los días, pues donde haya hombres y mujeres llevando sus propios “cántaros”, viviendo vidas amuralladas, impenetrables, allí llegará el Señor. Jesús tiene el “agua de vida” que puede colmar todo tipo de “sed” que tenga el alma. Una de sus profecías dice: “El que cree en mi, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn. 7:38) En la vida de la mujer samaritana había “aguas estancadas”. Su vida era un recipiente de pecado. Pero ahora ella es una “fuente por donde fluye el agua viva”. Cristo quiere hacer esto en cada vida. ¿Lo permitirás tú?