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No os dejare huerfanos!

Es muy triste y temible es quedarse huérfano. En tiempo que estuve ministrando en Bulkwan-dong, una hermana estaba llorando a gran voz arrodillada en el piso frío de la iglesia. Ella perdió al marido en la Guerra de Corea, quedó viuda y criaba tres hijas, pero quedó enferma de tuberculosis. Por la la tos y por el vómito de sangre, rogó al horfanatorio que cuidara de sus hijas y ellos los llevó. El día señalado para llevar a sus hijas, ella preparó comida especial para sus hijas, les vistió con el mejor vestido y la mayor se dio cuenta y no quiso comer, mientras que la segunda no sabiendo lo que estaba sucediendo comió con sumo agrado. Cuando llegó el carro, entró al cuarto unos jóvenes y a fuerza sacó a las niñas. Mientras que una gritaba “mami, no permitas que nos lleve” Pero ella se dio la vuelta y los jóvenes les decía “niñas, tu madre está enferma de tuberculosis, vomita sangre y toce mucho, pero en el horfanatorio ustedes podrán tener una madre más joven y bella, vivir en mejores condiciones que ahora” Pero le contestó que mejor era estar con su madre aunque enferma era su madre, y estar en pobreza que estar rodeada de gente desconocido y resistieron con todas sus fuerzas, mas la



madre siguió sentada dándole la espalda. Después que ellas partieron, ella llegó corriendo a la iglesia de tienda y lloraba lamentando a gran voz. Pues las palabras pronunciada de sus hijas daban vueltas a sus oídos. “Aunque mi madre sufra de tuberculosis y vomite sangre y estemos en pobreza, amamos a nuestra madre”. Así también los discípulos de Jesús sintieron temor cuando supieron que Jesús partiría. Cuando Jesús les habló que se alejaría de ellos e iría al cielo, ellos se llenaron de decepciones y temores. Pues, ellos habían dejado todo por seguir a Jesús, unos dejaron a los padres, hermanos, casa y hasta sus posesiones. Pero el Señor les decía que partiría y ésto causó gran confusión y desesperanza en medio de los dicípulos. Vivir sin Jesús significaba vivir como huérfano; entonces Jesús les habló “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, par que esté con vosotros para siempre. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”

1. ¿Quién es el Espíritu Santo?

Cuando nos preguntamos ¿quién es el Espíritu Santo? Podemos contestar con certeza que el Espíritu Santo es el espíritu de Dios y es el Espíritu de Jesúcristo. El Espíritu Santo es el espíritu del Padre y del Hijo. Jesús dijo en San Juan 14:7-11 “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceréis; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿Cómo, pues, dices tú Muéstranos el Padre? No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí. Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí de otra manera, creedme por las mismas obras”

Jesús con firmeza les habló que el que ha visto a Jesús ha visto al Padre. Porque el Padre es espíritu y no pueden ver,



pero el Padre está en mí y a través de mí, él manifiesta su obra. De manera que el que me ha visto a mí, ha visto al Padre. También dijo que el que tiene al Espíritu Santo es lo mismo que tener a Jesús. Aquel que experimenta la presencia del Espíritu Santo es aquel que experimenta la presencia de Jesús.

En San Juan 14:16 dice “Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

Jesús dice que no nos dejará huérfano mas enviaría otro Consolador, significa que Jesús es el primer Consolador y el Espíritu Santo el otro. La palabra otro tiene dos significado en griego. El uno es Alos y el otro es Hetro. Hetro significa de la diferente clase y el otro; mientras que Alos signfica de la misma clase pero otro. Cuando Jesús les habló de otro Consolador se refería de Alos que significa “Yo soy consolador y el Espíritu Santo también, tanto el Espíritu Santo como yo somos iguales”. Por tanto dice “el que a mí me recibe, recibe al Espíritu Santo y cuando llega el Espíritu Santo llega también Jesús”. Aquí podemos ver que Dios es uno y por tanto decimos que Dios es Divina Trinidad. Dios por medio de Jesús, Jesús por medio del Espíritu Santo se manifiesta a nosotros. De manera que hoy en día contamos con la presencia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo que mora en nosotros.

En San Juan 15:26 dice “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. Yo envio al Espíritu Santo, pero ésto lo recibo del Padre y os envió a vosotros. Y cuando venga el Espíriu Santo dará testimonio del espíritu del Padre y del espíritu del Hijo. Jesús está en el Padre y el Padre en Jesús y Jesús y el Espíritu Santo en el Padre; y el Padre con Jesús obra en el Espíritu Santo.

Los cuatro mil años del Antiguo Testamento eran la época del Padre, Jehová Dios mismo trabajó y manifestó su presencia. Mientras que en los 33 años del Nuevo Testamento



fueron la época de Jesús. El Padre por medio de Jesús y el Espíritu Santo también por medio de Jesús manifestaron las obras. Pero después que Jesús murió en la cruz y resucitó y subió al cielo a los 50 días llegó el Espíritu Santo y desde entonces comienza la época del Espíritu Santo. Hoy tanto el Padre como Jesús trabajan y manifiestan sus obras por medio del Espíritu Santo. Aquí podemos ver muy claramente que existen épocas para cada uno tanto el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo siendo tres indivíduos trabajaron separadamente en diferente época.

Jesús dijo que él es el primer Consolador y el Espíritu Santo otro Consolador, siendo igual a Jesús pero otro Consolador. El cual en griego significa “Paracletos” Para que quiere decir junto a uno, caleo significa que llama. De allí Paracletos que significa que viene a nosotros para ayudarnos.

El Espíritu Santo no nos dejará como huérfanos sino que enviado por Dios está siempre junto a nosotros. Y el Espíritu Santo es el espíritu del Padre y del Hijo lo cual significa que donde está el Espíritu Santo también está el Padre y el Hijo. Para ayudar a nosotros que estamos caídos en apuros viene el Espíritu Santo, pero nos preguntamos ¿cómo nos ayudará? Primero nos enseña. Cuando no entendemos, viene el Espíritu Santo y nos enseña con la Palabra de Dios y la verdad y lo que hemos aprendido en tiempo pasado nos hace acordar y si pecamos nos redargüeye con firmeza para que vayamos al camino recto. Cuando sufrimos nos consuela y nos fortalece física y espiritualmente. Estas son las obras del Espíritu Santo.

Así dice en Romanos 8:26 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”

En San Juan 14:26 dice también “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo



os he dicho”.

En San Juan 16:13 dice “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrá de venir”.

Por tanto, sin la manifestación del Espíritu Santo no podemos guardar nuestra fe. Pues si no contamos con el Espíritu Santo somos como huérfanos. Mas el Padre envió a su Hijo y manifestó a sí mismo y el Hijo envió al Espíritu Santo y se manifetó en él. Así él está con nosotros y en nosotros las 24 horas.

2. La experiencia del Espíritu Santo

¿Cómo experimentamos la presencia del Espíritu Santo? Lo experimentamos volviendo a nacer nuevamente. Una vez un judío llamado Nicodemo fue a visitar a Jesús. Él apartado de la vista de los demás fue a visitarlo por la noche, era una noche con mucho viento. Acercándose a Jesús le preguntó ¿Maestro, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” Entonces Jesús le respondió “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” El Señor sin preambulos le habló diciéndole que debía volver a nacer. Siendo Nicodemo un anciano con canas, quedó perplejo de los dichos del Señor. Y le contestó “Cómo puede un hombre ya viejo volver a nacer, puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer” Él no entendió lo que Jesús les decía. Y Jesús le replicó “de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dijo: Os es nececario nacer de nuevo”. El Señor dijo “el que es nacido de la carne, carne es; por mucho que el hombre estudie, seguirá siendo carne con mucha preparación. Si tiene religión seguirá siendo carne con



religión. Si ha practicado mucho moralmente seguriá siendo carne con mucha preparación moral”. Es decir la carne termina siendo carne y la carne no se transforma en espíritu. Pero si vuelve a nacer en agua y en Espíritu, será transformado en un hombre espiritual. Entonces la pregunta es cómo podremos volver a nacer de nuevo. El agua significa arrepentimiento. Por medio de agua limpiamos cualquier suciedad; así llega el Espíritu Santo y nos llena de un corazón contrito para arrepentimiento. Nuestra fe en el Señor no fue por nuestra sabiduría ni por nuestra certeza; sino por el Espíritu Santo que llegó a nuestro corazón y nos impulsó a aceptar a Jesús como Señor y Salvador personal. Llega el Espíritu Santo y da testimonio de que Jesús es Cristo. De manera que por el Espíritu Santo sabemos que Jesús es Cristo y Señor, y cuando le recibimos volvemos a nacer de nuevo. Porque cuando recibimos al Señor, el espíritu del Señor o sea el Espíritu Santo entra y mora en medio de nosotros. Y el hombre carnal será transformado a un hombre espiritual. Todos los hombres del mundo quienes no tienen al Señor Jesús en su vida son carnales. Nacen en carne y mueren sin ser transformados. Mas nosotros que tenemos a Jesús como Salvador somos transformados por medio del Espíritu Santo como hombre espiritual. Todos somos seres humanos, pero la calidad es diferente. Los hombres del mundo tienen el espíritu muerto, mas nosotros por medio de Jesús nuestros espíritus están renovados y vivificados. El hombre no sólo tiene alma sino también espíritu. Son dos cosas muy diferente. El hombre que pertenece a la carne vive en la carne y muere y entra al infierno eterno; mas el que vuelve a nacer en espíritu, aunque este tabernáculo hecho de mano se deshaga entrará a una morada gloriosa, a la presencia del Padre.

Por tanto dice en I Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”



Que el Espíritu Santo mora en nosotros significa que nosotros hemos vuelto a nacer y somos espirituales. Nosotros no pertenecemos al mundo sino a Dios.

En San Juan 1:12-13 dice “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Yo nací en la familia Cho, pero no volví a nacer de la carne de Cho. Tampoco volví a nacer por medio de mis padres. Yo volví a nacer por medio de la fe en Jesús y del Espíritu Santo. De manera que puedo decir a Dios Abba Padre. El hombre de carne no conoce a Dios y no le llama Abba Padre; mas los que vuelven a nacer en Espíritu se convierten en hijos de Dios y llama a Dios Abba padre.

Si volvimos a nacer en Espíritu, el segundo paso es que experimentamos el poder del Espíritu Santo. Una mujer soltera se convierte en esposa cuando se casa. Pero eso no dura mucho. Llegan los hijos y se convierte en madre. Es la misma mujer que al principio se convierte en esposa, luego madre. Asimismo es el mismo Espíritu Santo que cuando recibimos a Jesús recibimos la salvación, y cuando nos bautiza en Espíritu nos llena de poder espiritual.

En Hechos 1:4-5 dice “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

Jesús reunió a sus discípulos después de la resurrección durante 40 días. Los llevó al monte Olivo y les bendijo y ascendió. Unos 500 discípulos del Señor vieron la ascención de Jesús, pero solamente unos 120 se reunieron en oración an el apocento alto de Marcos y fueron bautizados por el Espíritu Santo.

En Hechos 1:8 dice “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis



testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”

Aunque creemos en Jesús y tenemos fe en él, pero para anunciar el evangelio nececimanos estar llenos del poder del Espíritu Santo.

Tener la salvación significa que en nosotros rebosa una fuente de agua que salta para vida eterna. Lo podemos beber continuamente y compartir con otros. Pero cuando somos bautizados en Espíritu Santo esta fuente de agua rebosará como un río para mojar toda la ciudad y todo podrán beber de ella.

La fuente de agua en nosotros no podrán beber todos los ciudadanos de Seúl, pero el agua del río Han lo beben todos los habitantes de Seúl. Por tanto, el hombre que vuelve a nacer nuevamente es como aquel que recibe una fuente de agua y el que es bautizado en Espíritu Santo es aquel que tiene un río que rebosa. Ellos eran antes personas impotentes e insignificantes. Eran pescadores, publicanos y recolectores de impuestos. Eran menospreciados en medio de la sociedad, pero cuando llegó el poder del Espíritu Santo fueron llenos del poder.

En Hechos 2.1-4 dice “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”

Una vez que ellos fueron llenos del Espíritu Santo quienes estuvieron encerrado de miedo, salieron corriendo y al anunciar el evangelio en el día se convirtió 3000 personas y al segundo día levantó Pedre a un paralítico sentado en la entrada del templo y volvió a anunciar el evangelio y unos cinco mil se convirtieron. Unos hombres insignificantes y cobardes después que fueron llenos del Espíritu Santo, se llenaron de poder. Entonces volvemos a



preguntar si solamente los discípulos del Señor recibieron el Espíritu Santo. El Espíritu Santo se manifestó 30 años D.C. y después en el año 34 los samaritanos también recibieron el Espíritu Santo. Felipe fue a Samaria y anunció el evangelio y muchos escucharon el mensaje y los demonios fueron echados fueras y paralíticos y cojos fueron sanados y fueron llenos de gozo. Entonces un mago llamado Simón que engañaba a muchos con su magia, viendo la obra de Felipe, él mismo arrepintiéndose de sus pecados, luego que fue bautizado le siguió siempre. Por el ministerio de Felipe muchos fueron salvos, los espíritus inmudos echados fueras, y los enfermos sanados, pero no estaban llenos del Espíritu Santo. Entonces llegó Pedro y Juan a Samaria y oraron con la imposición de manos y recibieron el Espíritu Santo. Simón acercándose a Pedro le dijo “te daré dinero, dame a mí también ese poder para que cuando yo ponga mis manos sobre ellos llegue el Espíritu Santo” Inmediatamente fue reprendido por Pedro. Le dijo “Tú no puedes comprar el regalo de Dios con dinero”. Estando Simón con Felipe no pidió que le vendiera poder para sanar enfermos o para echar fuera a los demonios; mas cuando vio que con la imposición de manos recibían el Espíritu Santo quiso comprarlo con dinero. Porque vio que se manifestaba grandes poderes cuando recibían el Espíritu Santo. Es decir en tiempo de los Hechos cuando llegaba el Espíritu Santo, ellos eran llenos del Espíritu Santo y hablaban en otras lenguas y muchos se asombraron viendo esta obra del poder, asimismo Simón también debió haberse asombrado del poder que ellos recíbian cuando llegaba el Espíritu Santo. Como señal los que recibían al Espíritu Santo hablaban en lenguas. Luego pasaron 7 años más después del día de Pentecostés. En el años 37 D.C. en el hogar de Cornelio llegó el Espíritu Santo. Cornelio era un italiano. Los judíos eran colonizados por los italianos en ese tiempo. El centurión Cornelio, siendo un hombre de rango muy alto en el ejército creyó en Dios; oraba continuamente a Dios y



ofrendaba y daba mucha limosmas. Cuando él subió a orar a la hora novena se presentó el ángel de Dios “Cornelios tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” Lo que nosotros hagamos para el Señor, él lo cuenta para memoria. Le ordenó que enviara gente a Jope y que hicise venir a Simón Pedro. Envió a sus criados a Jope para llamar a Pedro. Llegó Pedro y otros discípulos y anunciaron el evangelio, cuando les habló que la salvación y la justificación vienen solamente por medio de Jesús, cayó el Espíritu Santo sobre ellos. Tanto Cornelio con toda su familia y los que estaban allí fueron llenos del Espíritu Santo.

Cuando Apolo estuvo en Corinto, llegó Pablo a Efeso y tuvo reunión con algunos discípulos. Estaban reunidos unos doces sin fuerzas cantando y alabando. Él les predicaba y ellos estaban soñolientos y no tenían fuerzas para orar. Entonces Pablo les prenguntó “recibieron el Espíritu Santo cuando creyeron” Y todos meneando la la cabeza contestaron “no sabemos lo que es el Espíritu Santo”. Entonces Pablo volvió a anunciar el evangelio comenzando desde Juan el bautista y les bautizó y les oró con la imposición de manos y llegó el Espíritu Santo, y unos hablaban en lenguas y otros profetizaban. Desde que llegó el Espíritu Santo en la iglesia de Efeso, se manifestaron grandes poderes de Dios y se conviritió en una iglesia central del poder para evangelizar toda la área del Asia del oeste.

El Señor nos habla en Efesio 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”.

En Hechos 13:52 dice también “Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”. No podemos ministrar al pueblo de Dios sin la presencia del Espíritu Santo. Solamente cuando tenemos el Espíritu Santo podemos salir para anunciar el evangelio a Jerusalén, toda Judea, Samaria y hasta los fines de la tierra. En el año 1871 del otoño, el maestro Moody abrió una campaña evangélica en Brooklin.



Moody era un evangelista con poder que trajo al Señor a los Estados Unidos y Gran Bretaña, pero no era así desde un comienzo. Cuando estaba anunciando el evangelio en Brooklin, tuvo que terminar la campaña de evengelización porque no se reunia gente. Y una mujer que había llegado a la campaña, después que terminó el servicio se acercó y le dijo “pobrecito, no tiene poder, sabe hablar bien, pero no conmueve, debería recibir poder” Entonces Moody pidió a la dama que orara con él para recibir el Espíritu Santo. Así a los 34 años Moody caminado por las calles de Nueva York empezó a orar en su corazón “Oh Señor, quédate conmigo y lléname del Espíritu Santo” De repente sintió que algo cayó sobre su cabeza y empezaba a oprimirle, corrió a casa de un amigo y le pidió un cuarto para orar. Oraba en la habitación y el Espíritu Santo llegó como lluvia, como fuego y fue tan llenos que pidió a Dios que cesara el derramamiento del Espíritu Santo, porque sentía que moriría. Después que experimento la llenura del Espíritu Santo, cuando Moody anunciaba el evangelio muchos eran tocados y se acercaron al Señor con corazón contrito y arrepentido. Así Moody anunció el evanglio en Chicago, comenzando de aquí conmocionó a todo Estados Unidos hasta cruzar el Pacífico y el Atlántico y llegar hasta la Gran Bretaña. Él antes que fuese llenos del Espíritu Santo era un hombre insignificante, pero cuando fue lleno se transformó en un hombre con poder.

3. Los dones y los frutos del Espíritu Santo

Cuando estamos llenos del Espíritu Santo experimentamos los dones y los frutos del Espíritu Santo. Cuando somos llenos del Espíritu Santo, por medio de ella Dios manifiesta grandes dones en nuestra vida.

En I Corintios 12:8-11 dice “Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro,



el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”

Cuando llega el Espíritu Santo conforme a la característica distintiva de cada uno derrama dones espirituales. A algunos dones de palabra sabía para solocionar los diferentes problemas. Otros dones de ciencia para entender el misterio, a otros discernimientos de espíritus, a otros diversos géneros de lenguas, a otros a hacer milagros, a otros dones de fe, de profecía, de sanidad.

Así como también dice en Romanos 12:6-8 “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”. Estos también son dones que Dios nos da. Cuando llegan los dones del Espíritu Santo se manifiestan cosas maravillosas.

En los Estados Unidos la fábrica de lecha Carnación es una fábrica grande y famoso en todo el mundo. Esta empresa no sólo vende leche sino muchos otros artefactos. El vice presiente de esa empresa era un amigo cercano, era miembro de la Asambleas de Dios y era un hombre llenos del Espíritu Santo. Un día él estaba orando en la madrugada y el Espíritu Santo le dio los dones de sabiduría y de ciencia y les habló diciendo “En poco los dólares perderán valor y la moneda alemana marco subirá el precio, vende todo los dólares y compra el marco”. Llegó a la empresa y llamó a todos las empresas sucrusales que se encuentran en los alrededores del mundo y les ordenó que vendiera todos los dólares y comprara marco. Todos reaccionaron atónitos, pero porque era una orden del vice presidente no pudieron rechazar el pedido. A la final todos ellos vendieron los



dólares y compraron marco. Pasaron diez días y el Presidente Nixon devaluó el dólar y el marco empezó a subir del valor. Porque tenían marco ellos empezaron a ganar dinero sentados, todos los empleados decían “nuestro vice presidente es un genio” Fueron también investigado por la FBI si no tuvieron contacto con el Presidente Nixon. Pero él tenía relación con el Espíritu Santo que miraba el corazón y los pensamientos de Nixon. De igual manera si Dios abre la puerta nadie podrá cerrar y si Dios lo cierra nadie podrá abrir. Si Dios desea derramar bendición en este momento, la vida de aquel hombre será transformado inmediatamente. Porque él había hecho ganar a la empresa muchos bienes recibió mucho importe y no hubo necesidad de continuar en el trabajo y se jubiló. Viendo este milagro me di cuenta que cuando llegan los dones del Espíritu Santo se manifiesta grandes obras.

En Efesio 4:12 dice “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” Dios derrama los dones para edificar la iglesia.

También en I Pedro 4:10 dice “Cada uno según el don que ha recibido, ministrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.

Los dones que Dios nos da no es para uso personal, sino para edificación de la iglesia y para ayudar unos a otros. Si estamos llenos del Espíritu Santo, nos da también los dones espirituales, pero también debemos llevar frutos del Espíritu Santo. Debemos llevar frutos. Hoy muchos cristianso son criticados en la sociedad, porque aunque cree en Jesús, no tienen fruto personal, moral y ética. Es decir, cree en el Señor, pero su obra no es de luz ni de sal. Al igual que el mundo comete corrpción e injusticia y viven manchados de lo mundano. Si nuestra vida es así ¿qué diferencia hay con los incrédulos? En medio de las tinieblas debe haber luz, en medio de putrefacción debe haber sal; pero si nos unimos a ellos y no ejercemos nuestra identidad de la sal y la luz qué virtud habrá. Hoy



en nuestro país contamos con 12 millones de cristianos, pero no estamos *****pliendo cabalmente nuestro deber como la luz y la sal. De manera que no hay conmoción ni influencia. Las iglesias debemos orar en arrepentimiento y llevar frutos del Espíritu Santo. Cuando oramos, el Espíritu Santo llevará fruto en nuestra vida. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Estas obras se manifiestan primeramente cuando llega el Espíritu Santo y hay transformación de caracteres. Lo más importante es que recibiendo a Jesús reciba también el bautizmo del Espíritu Santo y reciban los dones y los frutos del Espíritu Santo. Cuando los cristianos llevemos estos frutos del Espíritu Santo, serán de testimonio para los incrédulos y una puerta abierta para que ellos reciban también a Jesús. Esto es posible solamente cuando llevemos frutos del Espíritu Santo. Teniendo fe en el Señor podemos pedir, entonces llegará el Espíritu Santo para transformar el agua en vino con en la boda de Caná. Debemos ser transformados por medio del Espíritu Santo, debemos diariamente ser transformados de gloria a gloria para que así Dios reciba la gloria y nosotros iluminemos al mundo.

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Divina Trinidad. De manera que no estamos solos. Pues, en el Espíritu Santo está el Padre, y en el Espíritu Santo está el Hijo Jesús. Por medio de la Divina Trinidad, nuestro Dios está con nosotros . Y ustedes están con Dios. Jesús dijo “en aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Diariamente reconozca al Espíritu Santo en su vida, dé la bienvenida y dependa completamente de él.



Oración



Dios Todopoderoso, hoy estamos celebrando la llegada del Espíritu Santo. Jesús nos prometió que no nos dejará como huérfanos y que vendrá otra vez, conforme a su promesa después que ascendió envió a nosotros el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos vuelve a nacer y nos hace llamar Abba Padre a Dios, y nos hace entender que Jesús está vivo, luego recibiendo el poder nos hace vivir como discípulos del Señor. Gracias Señor.

Oh Padre, ayuda a que todos mis hermanos estén llenos del Espíritu Santo y lleven frutos del Espíritu Santo.

Oramos en el nombre de Jesús. Amén