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La Clave para La Escuela Dominical

Dentro de un radio de 5 millas de la iglesia, el censo del año 2000 indicaba no más de 482 residentes. Una consulta al censo de 1990 reveló que la misma área ha crecido un total de tres personas en una década.

En los últimos 3 años desde la fecha en que llegamos, la asistencia promedio creció de 97 a 352. Para el año 2000, más del 60 por ciento de los residentes asistía a esta iglesia en cualquier domingo dado. Mi grupo de consultores tenía que saber cuáles eran los secretos de este extraordinario crecimiento.

El pastor era cautivadoramente modesto y de afable voz. Fue pronto en dar el crédito a Dios y a un mover de su Espíritu en el pueblo y en la iglesia. Pero cuando insistimos en saber si algún método había aumentado el crecimiento de la iglesia, habló solo de uno: la escuela dominical. Muchas iglesias tienen escuela dominical. ¿Qué era lo que distinguía a la escuela dominical de esta iglesia?

La entrevista rápidamente nos llevó a un asunto que mi grupo de investigadores y yo vemos repetirse en iglesias por todo Estados Unidos. Aunque los factores que se relacionan a la organización y los énfasis son importantes, con frecuencia el factor diferenciador entre las escuelas dominicales saludables y las no saludables es el apoyo activo y visible por parte del pastor. En efecto, mi propia historia es una de fracaso en este clave asunto de liderazgo.

LAS CONFESIONES DE UN ESCÉPTICO TOCANTE A LA ESCUELA DOMINICAL

Antes de llegar al Southern Seminary (Seminario del Sur) como decano en 1994, fui pastor de cuatro iglesia en cuatro estados. En la década de los 1980 yo era un verdadero escéptico tocante la escuela dominical. Aunque no traté de desmantelar las escuelas dominicales en las iglesias que pastoreé, no era el primero en fortalecer más la organización y hacerla más evangelística. Quizás las escuelas dominicales de mis iglesias padecían de descuido pastoral.

En nuestro estudio de más de 4.000 iglesias por todo Estados Unidos, la escuela dominical fue la tercera metodología evangelística eficaz en recibir votos.

Yo no estaba solo. Muchos de mis compañeros eran como yo, enamorados de algunas de las metodologías e inovaciones de última moda para ayudar a la iglesia a crecer. La escuela dominical parecía un poco anticuada comparada con la plétora de información de última moda que recibíamos. Verdaderamente yo dudaba que en el siglo 21 la escuela dominical fuera un medio viable para crecer, enseñar, y asimilar. Pero dos acontecimientos me llevaron a ver mis prejuicios de manera diferente.

Primero, noté que muchas de las muy aclamadas innovaciones tenían una vida bastante corta. Lo que se aclamaba como la metodología para la iglesia desaparecía en un año o dos. Mientras tanto, la escuela dominical seguía siendo el programa dominante en la mayoría de las iglesias.

Segundo, en 1994 comencé el primero de varios proyectos de investigación entre más de 4.000 iglesias por toda América. En las iglesias saludables y que experimentaban crecimiento, mi grupo de investigadores y yo oíamos a los pastores hablar del lugar que tiene la escuela dominical en los ministerios didácticos, evangelísticos, y de asimilación de sus iglesias. Aunque muchos compartieron alguna que otra metodología nueva e innovadora, casi todos los pastores decían que el crecimiento mantenido hubiera sido imposible sin la escuela dominical.

Ciertamente, la escuela dominical no es ni descuidada ni sucede por accidente en las iglesias saludables que investigamos. El pastor ha tomado una consciente e intencionada decisión de utilizar la escuela dominical como un brazo clave para alcanzar, enseñar, y retener a la gente. Entonces ¿qué debe hacer el pastor hoy para ser el visionario catalista para la organización de la escuela dominical, y por lo tanto, de la iglesia? Varias respuestas clave son dignas de examinar.

LOS PASTORES SON LOS DUEÑOS DE LA ESCUELA DOMINICAL

Hace poco dirigía una conferencia de más de 300 pastores en Orlando, Florida. En mi presentación de las iglesias que investigamos, mencioné los resultados que encontramos sobre el lugar crítico que ocupa la escuela dominical en la buena salud de una iglesia. Un pastor se me acercó durante el descanso. Las lágrimas en los ojos de este hombre me dijeron que mi descanso había terminado. Oí su historia.

“¿Por qué” se lamentó, “nadie me ha hablado de la importancia de la escuela dominical? Ninguno de mis compañeros, nadie en el instituto bíblico, ni siquiera los dirigentes de mi denominación, me han dado los datos que oí de usted. Si alguien me lo hubiera dicho, yo sé que hubiera dirigido a mi iglesia de forma diferente.”

En los círculos educacionales y denominacionales, el lugar de la escuela dominical con frecuencia se comparte con los líderes en la educación cristiana o con los laicos que tienen tareas específicas en la escuela dominical. Raramente se enseña a los pastores sobre la importancia de la escuela dominical para la salud de sus iglesias. Sin embargo, el potencial de la escuela dominical raramente se logrará sin el sentido de posesión y el entusiasmado apoyo del pastor. Nuestro grupo de investigadores descubrió que los pastores con frecuencia apoyan la escuela dominical si se les dan suficientes razones y buena información para que lo hagan.

He aquí la investigación clave que ha convencido a más de un escéptico pastor de la importancia de la escuela dominical.

LOS PASTORES ADOPTAN LA ESCUELA DOMINICAL COMO UN MEDIO EVANGELÍSTICO

Los que predicen la caída de la escuela dominical están apostando contra la historia. La escuela dominical es tan antigua como nuestra nación, y con solo unas cuantas excepciones, ha reflejado el crecimiento de Estados Unidos. El movimiento tuvo sus comienzos en Inglaterra durante la última parte de la década de los 1700, cuando Robert Raikes, editor del Gloucester Journal, contrató a maestros para los niños muy pobres.1

La escuela dominical rápidamente pasó a Estados Unidos y fue ayudada por otras fuerzas que luchaban por la reforma social. Justo antes de 1800, la escuela dominical se había difundido hasta Massachusetts, New York, Pennsylvania, Rhode Island, y New Jersey.

Dicho de forma sencilla, los que estaban activos en la escuela dominical fueron cinco veces más propensos a permanecer asimilados en la iglesia que los que sólo estaban en los cultos de alabanza.

Después de 1800, el propósito de la escuela dominical se expandió para incluir la educación bíblica y el evangelismo. El primer esfuerzo nacional de escuela dominical comenzó en 1824. El propósito declarado de la escuela dominical americana era organizar, civilizar, y evangelizar. Ya para 1800, la Unión de estados había preparado líderes, había publicado literatura, y había formado miles de escuelas dominicales evangelísticas.

Aunque el movimiento de la escuela dominical comenzó con la educación de niños en Inglaterra, llegó a ser el brazo de la iglesia para enseñar, alentar, y evangelizar. El alcance evangelístico de la escuela dominical fue especialmente eficaz. Para 1900, casi 80 por ciento de todos los nuevos miembros de iglesias en América llegó a la iglesia gracias a la escuela dominical.

Cuando yo presento esta excursión histórica a los pastores de hoy, típicamente recibo una mirada cortés pero aburrida. Sus expresiones dicen mucho: ¿Qué tiene que ver esta información con mi iglesia y conmigo hoy? La pregunta es válida, especialmente en un ambiente en el que la mayoría de los que visitan nuestras iglesias vienen primero a los cultos de alabanza.

El propósito de la excursión histórica es doble. Primero, quiero recordar a los pastores que la escuela dominical ha sido el brazo evangelístico principal de la iglesia por más de un siglo. Segundo, lo principios de crecimiento evangelístico son operativos hoy.

Cuando la escuela dominical era un brazo evangelístico principal de la iglesia, estaban en efecto tres principios primarios pero básicos. Primero, el pastor era el principal partidario y animador de la organización de la escuela dominical. Segundo, las clases de escuela dominical tenían, inherente en cada unidad, cierto tipo de responsabilidad para con el evangelismo. Tercero, las clases eran intencionalmente evangelísticas. La palabra ‘intencionalmente’ parecía tener una parte principal en el éxito evangelístico de las escuelas dominicales. La barra lateral que acompaña este artículo, “Orar por los perdidos en la escuela dominical” es solo uno de los muchos ejemplos del éxito que puede tener una eficaz escuela dominical evangelística en el siglo 21.

La escuela dominical como un brazo evangelístico de la iglesia no está limitada a unas cuantas iglesias. Ciertamente, en nuestro estudio de más de 4.000 iglesias por todo Estados Unidos, la escuela dominical fue la tercera metodología evangelística eficaz en recibir votos.2 Los pastores deben darse cuenta de que el asunto no es que la escuela dominical no esté funcionando; más bien, los pastores no están haciendo que la escuela dominical sea evangelísticamente eficaz.

LOS PASTORES ADOPTAN LA ESCUELA DOMINICAL COMO UN MEDIO DE ASIMILACIÓN

Imagínese que dirige a una iglesia con una asistencia promedio de 200. Pase a imaginarse que la iglesia está dividida en dos grupos distintos de 100 cada uno. La diferencia entre los dos grupos es directa. Un grupo asiste sólo a los cultos de alabanza, mientras que el otro grupo participa de los cultos y de la escuela dominical.

Ahora, pase 5 años al futuro en su viaje imaginario. ¿Dónde están los 200 asistentes regulares? Del grupo que asistía a la escuela dominical y a los cultos, 83 todavía están activos en la iglesia. De los 100 que sólo asistían a los cultos de alabanza, sólo 16 todavía asisten a la iglesia. Dicho de forma sencilla, los que estaban activos en la escuela dominical fueron cinco veces más propensos a permanecer asimilados en la iglesia que los que sólo estaban en los cultos de alabanza.3 Al consultar con los pastores e iglesias por todo Estados Unidos, inevitablemente se me pregunta lo que se puede hacer para detener la ola de los que dejan las iglesias. Cuando respondo con las dos palabras “escuela dominical”, con frecuencia recibo una fija mirada de incredulidad. Yo comprendo las actitudes de estos pastores. La mayoría de sus iglesias tienen clases de escuela dominical. Y en muchas de estas clases recuerdan a los maestros aburridos y no preparados, los muebles de la clase al estilo de los 1960, y los relativamente pocos participantes que asisten solo porque es lo que siempre han hecho.

Pero en las iglesias que observamos por toda nuestra nación, muchos pastores volvieron a examinar la escuela dominical. Se dieron cuenta del potencial para la asimilación que se puede lograr por medio de esta organización. Y decidieron que, si se habría de tener escuela dominical en sus iglesias, se haría bien. Para tener una organización de primera clase, los pastores pronto discernieron que ellos y los líderes de la iglesia no podían ya contentarse con las cosas como antes. Las expectaciones tendrían que elevarse.

ELPASTOR, LA ASIMILACIÓN, Y EL ASUNTO DE LA EXPECTACIÓN

Nuestros estudios descubrieron que el asunto clave de la escuela dominical que separa a las iglesias de alta asimilación de las iglesias de baja asimilación son las expectaciones. Entrevistamos a un pastor en la zona de Washington, D.C. sobre la escuela dominical y las expectaciones. Su testimonio no es atípico de los comentarios que oímos de otros pastores.

“Hace unos años”, nos dijo, “yo era ambivalente hacia la escuela dominical. No pensaba eliminarla de nuestra iglesia, pero ciertamente no le daba alta prioridad.” Luego él comenzó a leer y oír sobre iglesias que estaban volviendo a descubrir los puntos fuertes de la escuela dominical.

“Creo que podría decir que tuve un despertar”, nos dijo. “Me di cuenta de que nuestra iglesia había estado evangelísticamente apática, y que nuestra puerta de salida estaba abierta de par en par. Comencé a pensar de nuevo sobre la falta de prioridad que yo le daba la escuela dominical. Luego las cosas comenzaron a cambiar el momento en que nuestra iglesia hizo esfuerzos intencionales para revitalizar este ministerio.”

Entre los esfuerzos intencionales, los más dramáticos fueron los que se relacionaban con el nivel de dedicación de los que dirigían y trabajaban en la escuela dominical. Mire algunos de sus cambios:

  • Los maestros harían un pacto de preparar las lecciones cada semana y asistir a una reunión el miércoles por la noche en la que se hablaría de las lecciones.
  • Cada clase para adultos fijaría un propósito de comenzar una clase nueva cada año.
  • Cada clase formaría grupos de cuidado de no más de cinco personas por grupo. El dirigente de cada grupo sería el ministro principal para los otros miembros del grupo.
  • Cada clase tendría un líder de evangelismo para ver que se hacía contacto con todos los que visitaban y que los miembros de la escuela dominical estuvieran desarrollando relaciones con las personas que no asistían a ninguna iglesia.
  • Los maestros y otros líderes harían un pacto de llegar temprano a la escuela dominical todas las semanas.
  • Bajo la dirección del pastor, la iglesia comenzó un culto anual para renovar el pacto en el que los líderes de la escuela dominical hacían estos y otros compromisos.

La iglesia comenzó a ver maravillosos resultados a medida que se elevaron las expectaciones. “Una vez declaramos que la escuela dominical era importante y que esperábamos algo de los líderes, los cambios fueron dramáticos”, dijo el pastor. La asistencia no sólo aumentó entre los que asistían regularmente, sino que los miembros que eran activos solo de nombre también comenzaron a asistir. El cambio de maestros bajó dramáticamente. El ministerio a través de la escuela dominical aumentó casi exponencialmente. Y, por primera vez desde que el pastor había asumido su puesto, nuevas personas nacieron en Cristo gracias a la organización de la escuela dominical.

En nuestra investigación oímos repetidamente del reavivamiento de la escuela dominical. Y oímos de resultados parecidos a los de la iglesia en Washington, D.C. Pero más que de ningún otro factor, oímos del cambio positivo que se debe a que el pastor llevó a la iglesia y a la organización de la escuela dominical hacia expectaciones más elevadas.

¿Acaso la mayoría de los pastores hoy aceptan como cierto el increíble potencial de la escuela dominical? Aunque nuestro grupo de investigadores ha visto algunas historias dramáticas, no todos los pastores se han convertido a la escuela dominical.

La Escuela Dominical Y Los Que No Se Afilian Con Ninguna Iglesia

Mi grupo de investigadores y yo cumplimos con un proyecto de investigación en 2001 para el que entrevistamos a 353 adultos que anteriormente no se afiliaban con ninguna iglesia. Una persona que anteriormente no se afiliaba con ninguna iglesia es un nuevo cristiano de menos de 1 año, que también ha comenzado a tomar parte activa en una iglesia por primera vez en su vida. En otras palabras, preguntamos a los que habían estado fuera de la iglesia toda su vida, pero que hacía poco habían sido alcanzados con el evangelio de Jesucristo “¿Qué pasó?”

Una de las muchas sorpresas que recibimos de este grupo fue su atracción a la escuela dominical. Sesenta y ocho por ciento de los anteriormente no afiliados con ninguna iglesia participaban activamente en la escuela dominical, comparados con sólo un cincuenta y ocho por ciento de los que habían asistido a la iglesia por mucho tiempo.

¿Qué es lo que atrajo a estos nuevos creyentes a la escuela dominical?

El primer factor fue un deseo de aprender más de la Biblia. La segunda respuesta fue la atracción de participar activamente en el ministerio a través de la escuela dominical. El tercer factor fue la hermandad que experimentaron con otros cristianos. Quizás la sabiduría convencional que dice que los que no se afilian con ninguna iglesia no se sienten atraídos por la escuela dominical es más mito que realidad.

—Thom S. Rainer

LA ACTITUD DEL PASTOR HACIA LA ESCUELA DOMINICAL

A través de este artículo, y ciertamente en todo nuestro ministerio como consultores, hemos sostenido una tesis central: Una escuela dominical y una iglesia saludables se relacionan integralmente a la actitud y visión que tiene el pastor hacia la escuela dominical. Parecería ser que la organización de la escuela dominical en muchas iglesias es víctima del descuido. Son muchas las razones de este descuido, pero las actitudes del pastor podrían resumirse en cuatro categorías.

Algunos pastores tienen la misma actitud que yo tenía antes, que la escuela dominical es un medio que pertenece a la antigüedad, un dinosaurio destinado a la extinción. Están convencidos de que aunque la información demuestra lo contrario, los modelos de ministerio más nuevos son mejores. Por lo tanto, su tiempo y energía están dirigidos a otros métodos más contemporáneos y no a la escuela dominical.

Un segundo grupo de pastores simplemente no toma en cuenta a la escuela dominical. Ellos razonan que puede ser la organización de programa más grande en su iglesia, y que siempre estará ahí.

Un tercer grupo nos dijo que había puesto mucha atención a los cultos de alabanza y que la escuela dominical había sido relegada a una importancia secundaria. No hay duda de que el renovado interés en la alabanza en las últimas dos décadas ha sido una bendición a las iglesias y a su potencial para crecer. Pero cuando se descuida la escuela dominical como consecuencia de esto, la puerta de entrada abierta de par en par, con frecuencia es contrabalanceada por la puerta de salida también abierta de par en par.

Un grupo final reconoce la importancia de la escuela dominical, pero estos pastores reconocen que las clases aburridas, de siempre, con baja expectación no serán eficaces. Se dan cuenta que las clases con alta expectación y una organización de alta expectación son las soluciones para la mediocridad del pasado.

En nuestra entrevista con los pastores de iglesias de mayor expectación les preguntamos si el pasar su escuela dominical de baja expectación a mayor expectación había causado algún problema. Sus respuestas fueron un inequívoco sí. Algunos maestros y líderes se negaron a estar de acuerdo con los requisitos mayores y se salieron del ministerio y del servicio. Otros resistieron, sugeriendo así que las altas expectaciones en la escuela dominical indicaban legalismo.

Jamás oímos decir que el asunto de las expectaciones fuera algo fácil de tratar. Pero en casi todos los casos, el pastor nos dijo que el dolor había valido la pena cuando se realizaron las ganancias. Un pastor en South Carolina comentó lo siguiente: “Nuestro deseo de tener más compromisos se cumplió a un alto precio. Perdimos algunos miembros y enojamos a otros.”

“Pero ¿el cambio llegó a ser de beneficio?” le preguntamos.

“Sin ninguna duda”, contestó. “La gente de nuestra iglesia se da cuenta más que nunca que la escuela dominical es el principal brazo para enseñar y asimilar de nuestra iglesia. Y yo predigo que pronto será nuestro brazo principal para evangelizar.”

¿POR DÓNDE COMIENZA EL PASTOR?

“Dr. Rainer,” comenzó el sazonado pastor de Oregon, “¿por dónde comienzo? He pastoreado tres iglesias diferentes durante los útlimos 27 años, y he dado muy poca atención a la escuela dominical. ¿Cómo me aconsejaría que cambie de dirección?”

Su pregunta es típica de los cientos de pastores que nos escriben o nos llaman. Típicamente guiamos al pastor que hace la pregunta a través de los siguientes pasos:

  1. Afirme la realidad de que muchos pastores usan escuelas dominicales saludables en su esfuerzo por dirigira las iglesias. El pastor no puede pasar más allá hasta no estar convencido de la importancia de la escuela dominical.
  2. Comunique su propio apoyo de la escuela dominical por medio de la predicación, noticieros, reconocimiento de los obreros laicos, y conversación casual.
  3. Dese cuenta de que la escuela dominical de siempre no da resultado. La escuela dominical de alta expectación es el remedio para la mediocridad.
  4. Prepare a los líderes laicos que se convertirán en líderes clave y partidarios de la escuela dominical.
  5. Organice la escuela dominical de modo que se convierta no sólo en un brazo clave de la iglesia para impartir enseñanza, sino en una organización que también es movilizada por el evangelismo y el ministerio.
  6. Lentamente haga la transición de la organización de escuela dominical de bajas expectaciones a una de altas expectaciones. Este proceso puede utilizar acuerdos de pacto, y puede tomarse de 3 a 4 años para finalizar la transición.
  7. Trate con la oposición con amor, pero sea resuelto. La transición para llegar a ser una escuela dominical de altas expectaciones no agradará a todos, pero el conflicto casi siempre vale la pena dados los resultados.

Si me hubieran dicho en los 1980 que yo sería uno de los más ardientes partidarios de la escuela dominical en el siglo 21, me hubiera preguntado si estarían locos. Pero ya tenemos los hechos, y es difícil disputar los hechos. La escuela dominical está viva y coleando en las iglesias saludables por todo Estados Unidos. Y en cada una de esas iglesias, el proponente y animador principal es el pastor.

La escuela dominical tiene una admirable historia. En las últimas dos décadas del siglo 20 luchó por ser reconocida. Pero en un nuevo siglo y en un nuevo milenio, muchos pastores están afirmando una vez más la importancia de la escuela dominical en sus propias iglesias. Si esa tendencia continúa, muy bien podríamos ver la era más grande de la escuela dominical en los días que todavía están por venir.


Thom S. Rainer, PhD., es decano de la Facultad de misiones, evangelismo, y crecimiento de la iglesia Billy Graham en el Southern Baptist Theological Seminary [Seminario Teológico de los Bautistas del Sur] en Louisville, Kentucky. Es también presidente del Rainer Group, una firma consultora sobre la iglesia nacional y denominacional. Ha escrito 12 libros y casi 300 artículos. Puede comunicarse con él en: www.RainerGroup.com.

NOTAS FINALES

1 Véase Thom S. Rainer, Effective Evangelistic Churches (Nashville: Broadman & Holman, 1996), capítulo 5, “The Sunday School Factor”, para un repaso de la historia de la escuela dominical en América.

2 Ibid., 17.

3 Véase Thom S. Rainer, High Expectations (Nashville: Broadman & Holman, 1999), capítulo 2, para una completa exposición sobre la escuela dominical y la asimilación.