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Aprobados por Dios

Si pensamos en el caso de Job, cuantas veces uno se pregunta ¿Porqué tiene que haberle sucedido algo semejante? Pero Dios lo permitió con un propósito, y ese propósito era hacer que Job le conociera, descubriera y despertara a la realidad de ese Dios grande. Muchos cristianos de hoy estamos todavía dormidos espiritualmente; sin entender, sin realizar las cosas, y muchos somos aún, verdaderos niños.

Pablo decía: «…Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos…..y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido…» (1) En otras palabras les estaba diciendo: ¡Tengo que empezar de nuevo con ustedes! cuando ya por causa del tiempo tendrían que ser maestros, sin embargo son niños y no les puedo dar alimento sólido sino que tengo que volver a la leche otra vez. Esta es una gran realidad espiritual entre muchos de nosotros. Algunos todavía somos como niños, pensamos como niños.

Esto dijo también el apóstol, «…Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño…» (2) Muchos de nosotros hacemos exactamente eso. Vivimos la ilusión de cosas y no la realidad. El niño vive de eso y cree que todo es fácil lograrlo. Piensa en forma egoísta. Todos tienen que darle a él. Todos tienen que atenderlo. Todos tienen que brindarse. Porque es niño, es inmaduro, pero a medida que en la vida vamos creciendo y madurando nos damos cuenta como es seria esta vida, cuantas cosas cambian en nuestra persona y en nuestra mente a medida que vamos creciendo y experimentando las cosas de este día.

En la iglesia del Señor es igual. No podemos vivir de fantasías como los niños, no podemos vivir pendiendo todo el tiempo de otros diciendo: “…Aaaah, no me visitan…, no se acuerdan de mi…, nadie piensa en mi…, todos me han dejado, me han abandonado…”, querido hermano, todo eso es cosa de niños, es cosa de personas inmaduras en el conocimiento y en la gracia de Dios. Es verdad que todos queremos atenciones, que nos den alguna palmada en la espalda, que nos ayuden, que nos animen, es cierto que en algun momento todos queremos eso, pero si eso no hay ¿nos ponemos mal? En este último tiempo estoy entendiendo que en verdad Dios está permitiendo cosas dentro de la iglesia para probar a su pueblo, y nos está probando para ver si realmente somos aprobados o desechados.

A mi me ha asombrado ver las reacciones que han tomado algunas personas habiendo estado bien en el camino del Señor. Uno jamás hubiera imaginado que tal o cual persona pudiera haber tomado una decisión o una actitud así, me ha asombrado el ver cambios tan violentos en algunas vidas y personas, y me he preguntado: ¿Como puede ser?, es que entonces esa persona no estaba sobre el fundamento, no estaba convencida de su llamamiento de seguir a Cristo, no estaba convencida de las demandas de Dios, sino que como un niño vivió en un mundo de fantasía. ¡Dejemos de vivir un mundo de fantasía hermanos! ¡Vamos a meternos en la realidad del mundo en que vivimos y en la realidad del propósito de Dios!



Que tu fe no falte

En el capítulo 22 de San Lucas, hay una palabra muy corta, pero que nos abre el entendimiento a estas cosas. El Señor estaba próximo a ser prendido para ser crucificado y muerto y antes de eso le dijo a Pedro: «…Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos….» (3)¿Y que le dijo Pedro? «… Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte…» (4)

Querido hermano, ¡Pedro estaba hablando como un niño! Porque cuando las “papas quemaron”, él corrió y se escondió. No entendió las palabras de Jesús: «…Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo…» quién luego no le dijo: “…Simón, quedáte tranquilo que no te va a pasar nada…”, ¡NO! Le dijo: «…yo he rogado por ti, que tu fe no falte…», ¿Cuándo?, cuando venga la “zaranda” del diablo sobre tu vida. Hermano, nosotros debemos saber que si el diablo tuviese alguna posibilidad no nos va a perdonar, sino que va a tratar de destruirnos porque eso es lo que quiere, pero el Señor es el que controla todas las cosas.

Con esas palabras el Señor le estaba diciendo: “…de la zaranda no te vas a escapar…”, y quizá pensemos: “…pero Señor: ¿Es que me tiene que zarandear el demonio?, ¿Es que me tiene que pasar esto?…”, pero después de eso y aún después de haber negado al Señor por tres veces, Pedro entendió, reaccionó, maduró y pudo pararse mas tarde ante toda la oposición y resistencia del diablo, ante la persecución y ante todos los que se levantaron en contra de su persona.

Hermanos, debemos saber que es necesario que la prueba venga a nuestras vidas, para que se muestren los verdaderos cristianos, para que se manifiesten los verdaderos hijos de Dios, porque mientras hay bendición de aquí o de allá y todo marcha bien, no hay problemas en nuestra vida cristiana, pero el asunto es cuando la bendición es cortada, cuando la mano de Dios frena las cosas y aún cuando el enemigo toma lugar de alguna manera en nuestras vidas. No estoy diciendo que el diablo hace lo que se le dá la gana, ¡NO! Pero a veces Dios se lo permite para probarnos y para que luego sepamos donde estamos parados y quienes somos en verdad.

¡Que vergüenza para Pedro!, alguien que estaba desafiando a las fuerzas enemigas, alguien que decía estar dispuesto a ir preso con Jesús y hasta dijo: «…sino también a la muerte…», ¡Negó a Jesús frente a una muchacha! Cualquiera de nosotros podríamos decir: ¡Que hombre cobarde!, pero no juzguemos a Pedro y no juzguemos a nadie, porque llega la hora para ti y para mi, ¡Llega la hora! Quizá tu pienses: “…pero hermano, ya he tenido tantas pruebas…” es verdad que hemos tenido muchas pruebas, pero quiero decirte que en esta hora Dios está poniendo su mano firme sobre nosotros. ¡O somos o no somos!, ¡O nos vamos con él o nos quedamos!, ¡O nos salvamos o nos perdemos!, ¡O alcanzamos la vida eterna o alcanzamos la confusión eterna!, no hay término medio.

¡Que tremendas las palabras de Jesús!: «…yo he rogado por ti, que tu fe no falte…», porque cuando uno es tocado en lo profundo, en lo íntimo, cuando uno es tocado en las cosas que duelen, allí se prueba nuestra fe, allí se prueba nuestra decisión de servir a Dios, allí se prueba hasta donde estamos dispuestos a llegar por el Señor, hasta donde estamos dispuestos a seguir predicando, hasta donde estamos dispuestos a seguir haciendo la obra de Dios.



No somos los únicos probados
Vamos a la primera carta del apóstol Pedro. Allí podemos leer el capítulo 5, «…Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda buscando a quien devorar;…» (5) y ahora preste atención al versículo 9, «…al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van *****pliendo en vuestros hermanos en todo el mundo…»

Usted no piense que es el único probado, no crea que está solo y que es el único que tiene problemas, no se sienta el mas miserable pensando que le han venido las pruebas mas grandes, porque Dios no permite una prueba mayor a la que seamos capaces de soportar. El apóstol Pedro dijo: «…los mismos padecimientos se van *****pliendo en vuestros hermanos en todo el mundo…». Por causa de la fe, por causa del nombre de Jesús, por causa del llamamiento, por causa de la decisión que hemos tomado de seguirle, por causa de él se van *****pliendo en nosotros y en nuestros hermanos de todo el mundo los mismos padecimientos, y aquí no se trata de conocimiento intelectual, ni de llenar la cabeza de números o letras, esto es un proceso que Dios desata sobre nuestras vidas, es un trato de Dios, porque los mas grandes y distinguidos hombres de la tierra han sido probados y tratados por Dios. Algunos han aprobado y otros no, empezando por los de la Biblia y siguiendo por los contemporáneos. Aquí se trata de saber donde estamos parados y si en verdad estamos en la fe o no. Si estamos en la fe vamos a soportar, vamos a perseverar y vamos a seguir adelante luchando en la gracia y en la fuerza que Dios nos da.

Elías fue probado después de tener un éxito tremendo. ¡Cuantos de nosotros quisiéramos tener esa victoria de Elías! Todos los enemigos vencidos y todo el pueblo clamando: «…¡Jehová es el Dios!, ¡Jehová es el Dios!…», (6) pero al día siguiente Jezabel le manda una cartita diciendo: «…Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he hecho tu persona como la de uno de ellos…» (7) Entonces tuvo miedo y comenzó a escapar, y no solamente escapó, sino que en la soledad del desierto dijo: «…Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy mejor que mis padres…» (8) el profeta no quería luchar más, sin embargo, el Señor le dijo: «…Vé, vuélvete por tu camino…» (9) en otras palabras el Señor le dijo: “…todavía no terminaste, te necesito para ungir reyes y para ungir a tu sucesor, te necesito, no terminaste, ¡Deja el miedo! deja a Jezabel tranquila que yo la controlo…” ¡Amén!.

Cuantas veces nosotros estamos en la misma situación que Elías. Queremos escapar, queremos morir, no queremos luchar mas, pero es que Dios le está permitiendo al diablo que nos toque en algunos momentos, (aunque no todo el tiempo), y de esa manera nos está probando. A Pedro le dijo: «…Satanás os ha pedido para zarandearos…» y el Señor se lo concedió. ¿Qué tal?



Resistiendo firmes en la fe

Hay otra palabra en Apocalipsis que nos da la pauta de algunas cosas importantes para nosotros. En el capítulo 3 el Señor le dice a la Iglesia de Filadelfia: «…Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar…» y esta es la clave de este pasaje: «…porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre…» (10) y preste ahora atención a lo que dice en el verso 10: «…Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba (esa prueba que es permitida por Dios con un propósito) que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona…» (11) (ninguno tome tu lugar).

El Señor no iba a condenar al impulsivo Pedro, ¡Jamás! Aunque sabía lo que iba a hacer y le dijo de antemano: «…el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces…» Cuando vino la prueba, cuando vino la zaranda y se sintió solo, cuando vió que el maestro era prendido y ante los insultos, los azotes y las injurias del pueblo no reaccionaba, sino que estaba como un cordero indefenso, cuando vió que las cosas estaban cambiando, y que estaba viniendo la prueba dura, no pudo resistir. Por eso le pudo decir mas tarde a la Iglesia: «…porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar…» (12) ¿Pero ahora que les dijo? «…al cual resistid firmes en la fe…» ¡Es importante guardar la fe! ¿Que dijo el apóstol Pablo al final de sus días?, «…He peleado la buena batalla, he acabado la carrera y he guardado la fe…», (13) ¡Amén! Si algo tenía valor en su vida era guardar la fe que Dios le dió un día. Y nosotros también estamos en esa fe preciosa que es probada por fuego. ¡Estamos en la fe! Por eso también nos dice el apóstol Judas: «…que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos…» (14)

Algunas veces he escuchado decir: “…no tengo fe…”, y yo pregunto: ¿Si no estás en la fe adónde estás? ¿Acaso el justo no vive por la fe? La fe es una posición de la mente que entiende algo, lo cree y lo guarda en su memoria. La fe es algo vivo, algo que se mueve, que se expresa, la fe se traduce en hechos, en obras, se muestra a través de una vida, por eso decía el apóstol Santiago: muéstrame tu fe sin tus obras y yo te voy a mostrar mi fe por mis obras, ¡Aleluya!



Probados y aprobados

«…Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo…» ¡Es bien atrevido el demonio!, como él sabe que está condenado y perdido para siempre, que el fin se acerca para él ¡Es bien atrevido!, y le dice al Señor: “…yo los quiero zarandear, dámelos un tiempo, permítemelos a estos que me están desafiando, a estos que están diciendo: yo al diablo le pongo el pie en la cabeza, lo revoleo de la cola, yo al demonio me le rio en la cara…”, ¡Algunos predican así! y por allá lo vemos tumbado un poco mas adelante. No estoy diciendo que tenemos que tenerle miedo al diablo. ¡Nada que ver con esto! Pero tampoco es cuestión de abrir la boca para decir cosas demasiado grandes. Somos hijos de Dios, somos siervos de Dios, somos seguidores del maestro y lo que el maestro nos indique debemos hacer y donde no nos mande, no metamos la nariz.

Vamos en pos de él. El ha vencido y somos vencedores, pero las pruebas y las luchas vienen para probar a todos los que moran sobre la tierra. Se desatan las batallas, las dificultades, y somos tocados para probar quienes somos en verdad. Quién soy yo, quien eres tú. Muchas veces decimos: “…aaaah, yo soy muy fiel, muy consagrado, muy colaborador, soy muy esto o muy lo otro…” vamos a ver si ese “muy” lo mantienes hasta la muerte cuando te pongan el dedo en la llaga, y no te estoy desanimando, sino que estoy llevándote a la realidad y no a vivir como un niño en una nube de ilusiones. Porque hoy se predica mucha bendición: “…usted puede recibir tantos dólares…, puede tener un auto nuevo, una casa nueva…, puede tener esta bendición, la otra, usted puede tener todas las riquezas de las naciones, el Señor las ha provisto para usted, son suyas…” ¿Y a quién no le entusiasma eso?, pero, ¿Porqué no le hablan de esto?, hablamos de los grandes moveres del Espíritu Santo y queremos vivir en nubes de algodón pero cuando bajamos a la realidad de esta tierra, (porque tenemos que pisar en la tierra) ¿La vamos a aguantar?

El apóstol Pablo dijo «…¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?…» (15) pero queridos, es lamentable que algunos por cualquier tontera ya se separan, y dicen: “…no voy mas a la iglesia, voy a buscar otra mejor…” y comienzan a buscar y nunca encuentran la iglesia ideal, porque la iglesia es una y en todas las congregaciones hay problemas. ¿O crees que no?

Otros dicen: “…los pastores son malos…” “…los que dirigen son malos…” Bueno, hay de todo en la viña del Señor, dice un dicho. Pero es que Dios tiene que probar para poder aprobar, y algunos no aguantan ciertas cosas, se van y comienzan a dar vueltas y vueltas buscando la congregación ideal y diciendo “…aqui sí está la gloria…”, y en poco tiempo ya tampoco están mas allí. Hermano, donde quiera que vayas si te sientes un hijo de Dios, él te va a seguir y te va a alcanzar, porque es mas ligero que tú, ¡Te va a alcanzar!, y si Dios le autoriza al enemigo a tocarte de alguna manera, él también es ligero, y te va a alcanzar “frotándose las manos”.

Es muy serio esto. La hora que vivimos es una hora seria hermanos. No es hora de vivir mediocres en la fe. No es tiempo de vivir de cualquier manera. Lógico que el mundo está “patas para arriba”, y porque el mundo esté así ¿nosotros también vamos a andar patas para arriba? como dice la escritura: «…a lo malo dicen bueno, y a lo bueno dicen malo!…» (16) ¡Así está el mundo! ¡Invirtió los valores! Las buenas costumbres no se conocen. Los buenos hábitos no se practican. La buena moral no existe. No hay justicia. No hay orden. Vivimos un desorden y un caos total en todos los niveles de nuestra sociedad. Empezando por la familia, por los hogares. Hay desorden, caos, anarquía, cada uno se maneja como quiere. ¿Y vamos a permitir que la iglesia se maneje así?, ¿Dios va a permitir que la iglesia se maneje así? Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Estamos de paso. El Señor Jesús oró al Padre diciendo: «…No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo…» (17) ¡Estamos de paso! Dios nos ha levantado con una misión y con un propósito: Ser la luz que resplandece en las tinieblas.

«…pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos…» Una vez que entiendas estas cosas vas a poder exhortar, confirmar, y animar a otros. Porque una vez que pases por estas cosas serás perfeccionado, afirmado, fortalecido y establecido sobre una base firme, sobre una regla, para no moverte mas, porque el Dios de toda gracia lo quiere hacer: «…después que hayáis padecido un poco de tiempo…» (18) ¿y cuanto es ese tiempo?, de acuerdo a lo que Dios considere necesario, el que tiene oídos para oír oiga: DE ACUERDO A LO QUE DIOS CONSIDERE NECESARIO.

Y mucho depende de nosotros, porque nosotros tenemos la llave del corazón, pero si intentamos darle vueltas al asunto y encontrar culpables y encontrar causas, nunca vamos a salir de allí. ¡No busques culpables!, ¡No los busques, por favor!, ¡Nadie es culpable de tu situación! por mas que tu señales y digas: “…este, o aquel o el otro…” el único culpable eres tú o yo, y todo esto viene porque Dios nos está tratando para establecernos sobre las bases, sobre los fundamentos eternos y estables, «…para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo…» (19) ¡Amén! Probados y aprobados.



Humillados ante Dios
No vivamos un mundo de ilusiones y de fantasías de niño. Debemos enfrentar la vida como es y como suelo decir en un término medio vulgar a los discípulos que están en casa: La vida nos es lola. El camino de la vida te va a enseñar. A veces tenemos ilusiones de congregaciones de miles, y pensamos: “…aaah, cuando yo tenga una congregación de miles…”, y yo no se si estás capacitado para tener una congregación de miles. ¿Estás capacitado? ¿Te la vas a aguantar? ¿Querés llegar a tener miles y llegar a ser grande y no pasar por el horno y ser probado por el anonimato, por el desierto? ¿No querés pasar por eso? Entonces quedate tranquilo nomás.

Otros dicen: “…ah, yo anhelo un gran ministerio…” Porque hoy se habla mucho de ministerios. Ministerio de esto, ministerio de lo otro. ¡Todos tienen grandes ministerios!, ¿Qué ministerios?.Otros tienen el ministerio del “comentario”, ¿Y sabe que hace todo eso?, destruir, derribar, no edifica nada. A todos esos que quieren tener grandes ministerios yo les diría: mejor sería humillarte en la presencia del Señor, mejor sería tirarte de cabeza y clamar que Dios tenga misericordia de ti y que haga de tu vida lo que él quiera, no lo que tu quieras. ¡Amén!

«…Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo…» porque, ¡Si no te humillas no pienses que te va a levantar!, ¡NO!!. Algunos dicen: “…Yo no tengo porqué humillarme…”, “…Yo no tengo que humillarme ante nadie…” Bueno, entonces quedate tranquilo, seguí tu vida. ¡Que Dios nos ayude! Muchas veces podemos pensar que la culpa de que yo esté mal la tiene el otro, pero porque no nos miramos y decimos “…Señor, ¿ porque voy a culpar a otro si yo sé lo que tengo que hacer? ¿Porqué voy a buscar una razón como excusa cuando yo sé que la razón está dentro mío?…” Debemos ponernos delante de Dios, buscando a Dios, dejando todo lo demás en sus manos, para que Él obre y *****pla el propósito que tiene con nosotros, como dice en Apocalipsis: «…he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre…» Si somos fieles, si guardamos su palabra, ningún demonio, ni principado, nadie podrá cerrar lo que el Señor nos ha abierto. ¡Gracias Señor!



Conclusión final
Hermanos queridos. El camino de Cristo es el antiguo camino. «…Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo…», (20) y también dice: «…Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo…» (21) ¿Acaso nos hemos olvidado de eso?. No es que tenemos que tirar todo, sino renunciar en el corazón, y eso nos cuesta, renunciar a todo nos cuesta. El Señor nos ayude para que no falte le fe en la hora de la tentación y de la lucha, cuando el diablo viene a tentarnos ¡Que no falte le fe! Cuando viene la prueba ¡Que no falte la fe! Sino que podamos permanecer plantados firmes en ella hasta vencer y ser aprobados por Dios. En el nombre de Jesús, amén.



Pastor Samuel Laborde


Referencia bíblicas:

(1) Hebreos 5:12

(2) 1º Corintios 13:11

(3) Lucas 22: 31 y 32

(4) Lucas 22: 33

(5) 1º Pedro 5: 6 al 8

(6) 1º Reyes 18: 39

(7) 1º Reyes 19: 2

(8) 1º Reyes 19: 4

(9) 1º Reyes 19:15

(10) Apocalipsis 3:8

(11) Apocalipsis 3:10 y 11

(12) 1º Pedro 5:8

(13) 2º Timoteo 4:7

(14) Judas 1:3

(15) Romanos 8:35

(16) Isaías 5:20

(17) Juan 17:15 y 16

(18) 1º Pedro 5:10

(19) Efesios 4:14 y 15

(20) Lucas 14:27

(21) Lucas 14:33